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Entrada a la basílica greco-ortodoxa del Nacimiento, en Belén. La entrada es tan pequeñita pues se hizo para evitar que los otomanos entraran montados a caballo en el interior de la iglesia.
Pocos días antes de mi viaje, en julio del 2000, la ciudad había estado objeto de la visita del pontífice Juan Pablo II. Cuando llegué quedaban restos de ella, como este pórtico de bienvenida, en la calle que conduce a la basílica. Contrasta con el hecho de que días después comenzara la Segunda Intifada.