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La basílica de San Francisco de Asís se halla enclavada en la localidad del mismo nombre, lugar de nacimiento del santo, y en cuyo interior se halla su sepultura. Fue levantada en 1230, y alberga numerosas obras de arte, por ejemplo cuadros de Giotto.
Exteriormente no es muy llamativa, pero esto encaja con el espíritu de sencillez de la orden franciscana. En cambio, el patio interior que contiene, así como el casco antiguo del pueblecito que la envuelve, resultan muy acogedores.