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La basílica de San Antonio de Padua está en dicha localidad, y se empezó a edificar tras la muerte del santo, en 1231. Combina diferentes estilos (románico, gótico, bizantino y barroco). Alberga en su interior obras de arte de Giotto, Donatello y Tiziano, entre otros.
La sala estrella es la que contiene restos de San Antonio, en concreto la lengua y parte de la mandíbula. Aunque no es muy agradable, se hallan en una sala con una iluminación y ornamentación que destaca de las del resto de la basílica.
Lo que más me impresionó del interior fueron las ofrendas de diversas partes del mundo, en especial de la India, que por las fotos indicaban agradecimiento por una súplica concedida. Además, poner una vela a San Antonio es una costumbre extendida entre muchas féminas, para pedir encontrar a la media naranja.
Par llegar a la basílica, se hace a través de una avenida ajardinada y con muchas estatuas, llamada Prato della Valle.