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Por muchas fotos y postales vistas, existen lugares donde la magnificencia le desborda a uno. Si algo tuvo mi viaje a Italia fue permitirme confirmar que no necesariamente se han de defraudar las expectativas porque todos digan lo bonito que es algo. Se puede ir y comprobarlo personalmente, superando ideas preconcebidas.
Éste es uno de esos casos. La belleza de la cúpula de Santa Maria del Fiore, obra de Brunelleschi y que data de 1418, bien merece un ejercicio de retención visual en la memoria durante unos cuantos minutos.