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A finales del siglo XIX se estableció en Florencia una cierta colonia rusa. Esto favoreció que en 1903 se pusiera en funcionamiento una iglesia ortodoxa dividida en dos partes, al estilo ruso: la primera para el verano, la iglesia de la Natividad, y otra para el invierno, llamada San Nicolás Taumaturgo.
Con sus bulbos multicolores y sus cruces ortodoxas sobre crecientes islámicos (típico en Rusia, una alegoría del triunfo del cristianismo ortodoxo sobre el islam), esta iglesia, al igual que la sinagoga, son detalles extravagantes y exóticos en una ciudad cuadriculada y renacentista como Florencia.