Templo de Apolo

Bien, aquí empieza Pompeya. Todo lo que había visto de restos romanos hasta entonces queda atrás. La sensación que podían dar, pese a su majestuosidad, eran de ruinas caducas aisladas en el tiempo.

Pero Pompeya es otra cosa. Es de una actualidad casi escandalosa. Debido a que se conservó bajo 7 metros de ceniza tras la erupción del año 79, excepto los techos de los edificios se conserva casi todo. Al final de la visita podía imaginar la gente con túnica paseando por las calles o en sus carruajes.

La imagen principal muestra el templo de Apolo, con su estatua. Al fondo, agudizando la vista se distingue la silueta del Vesubio, el causante de su destrucción. Abajo, pórticos y calles, sólo faltan los habitantes.

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