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Entre la geografía urbana de Pompeya, destacan sus aceras rectilíneas, su perfecto adoquinado, y estas curiosas estructuras. Se tratan de "pasos cebra", calculados para permitir el paso de carruajes con ancho pompeyano, obligando así a los foráneos a dejar los suyos y alquilar los de la ciudad.
Su necesidad deriva de que el sistema de alcantarillado no era perfecto, y era normal que aguas sucias circularan por la calle. Esto complicaba un poco cruzar de una acera a otra, por lo que esta estructura ayudaba a solventar el problema.
Otras estructuras delatan el final de una calle, algo así como la "estación término", y las marcas dejadas por los carruajes sorteando los pasos de peatones.