Fresco erótico

Pompeya era una ciudad ostentosa y libertina. Abundaban los prostíbulos, que hacían competencia de precios entre ellos. Se sabe que el precio del servicio de una luppa (loba, en latín) era el mismo que una copa del mejor de las tres clases de vino existentes.

Para que los extranjeros no tuvieran problemas de idioma, había frescos en las paredes ilustrando las posibilidades de servicios existentes. Así el cliente tan sólo debía señalar a la elegida y al fresco que representaba lo deseado. También existía en el adoquinado de la calle una indicación apuntando hacia el lupanar.

Nuevamente, los mejores frescos se hallan en la sala erótica de Pompeya del Museo Nacional en Nápoles.

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