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He aquí la orilla del Gran Lago Salado, uno de los muchos del interior de Anatolia, y que se encarga de recordar que esta zona formaba parte del Tethys, el primitivo proto-mediterráneo hace muchos millones de años.
Es imposible llegar caminando a la orilla, pues el terreno se vuelve cada vez más blando. El barro en el que te hundes está cada vez más cargado en sales, principalmente yeso, de ahí el color blanco.