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Pórtico de la impresionante Biblioteca de la ciudad grecoromana de Éfeso, por cierto donde se estableció una de las primeras comunidades cristianas (recordar la carta de San Pablo a los cristianos de Éfeso).
Aún hoy sorprende la belleza de sus mármoles, y no es difícil dejar escapar la imaginación sobre cómo sería en su pleno apogeo.